Han pasado casi tres décadas desde el momento en que apareció aquella interrogante: ¿Informar a la opinión, gobernarla o manipularla?
Para ese entonces había un ambiente, como ahora, de indefensión del ser humano ante la arremetida de grupos poderosos que dirigen el imperio de la información unidireccional y utilizan la manipulación no sólo para la infamia, el chantaje o el odio, sino también para instigar o hacer la guerra. Hoy, la situación se torna más grave cuando el bombardeo de información mentirosa lleva en sí el propósito de desestabilizar gobiernos progresistas y revoluciones pacíficas, al tiempo que promueven la intervención militar y nuevas técnicas del golpe de Estado bajo el terror mediático. En fin, se trata del más alto grado de corrupción de la información ante la exigencia de una información veraz.
La situación es tan preocupante que no falta persona o institución con propuesta de leyes para regular y sancionar penalmente este tipo de crimen mediático, como en los tiempos de los llamados "delitos de imprenta". Hacer leyes no es fácil cuando subyace tras esta intención, por un lado, la crítica política y el derecho a la información y, por otro lado, la idea de utilizar el derecho penal como solución. Pero ya no se trata de querer lesionar el honor o la reputación de alguien. Eso es otra cosa. En cambio el terror mediático está a la vista y es lo que quieren confundir con el derecho a recibir información. Entonces, hay que obrar con prudencia y, sobre todo, con conocimiento de la doctrina comunicacional.
Por ejemplo, no es correcto decir que "la información veraz es la que presente los hechos con todas sus circunstancias de tiempo, lugar y modo". Eso no es verdad. En doctrina comunicacional se entiende que la veracidad que se exige en la información no es sinónimo de verdad objetiva, sino de poner un mínimo de cuidado y diligencia en la comprobación del hecho noticioso.
En Venezuela hay normas penales suficientes para enfrentar el terrorismo mediático y a sus representantes sin lesionar el derecho a dar información.
Este es el único país de América donde hoy cunde a vasto campo la libertad de expresión, aunque le duela a la oposición.
No les demos armas para alimentar su terror mediático.